jueves, 17 de septiembre de 2026
México

La teoría de Elinor Ostrom ante el avance de la inteligencia artificial

El estudio sobre la gestión de recursos comunes de Elinor Ostrom cobra relevancia ante los desafíos éticos y regulatorios que plantea la inteligencia artificial.

Redacción El Despertador
Foto: eleconomista.com.mx

La inteligencia artificial se ha consolidado como un recurso compartido de alcance global, lo que ha llevado a expertos a revisar las teorías de Elinor Ostrom. La economista, quien fue la primera mujer en obtener el Premio Nobel de Economía en 2009, dedicó su carrera a estudiar cómo las sociedades pueden gestionar bienes comunes sin caer en la llamada tragedia de los comunes, fenómeno donde el interés individual termina por agotar un recurso compartido.

En el contexto digital actual, los datos y la capacidad de cómputo se comportan como los recursos que Ostrom analizó en sus investigaciones sobre pesquerías y sistemas de riego. A diferencia de la visión tradicional que sugiere que el Estado o el mercado deben controlar exclusivamente estos activos, la propuesta de Ostrom enfatiza la capacidad de las comunidades para establecer normas de uso colectivo y sostenible, evitando el agotamiento de los recursos tecnológicos.

En México, la discusión sobre la regulación de la inteligencia artificial ha comenzado a permear en el Congreso de la Unión. Legisladores y especialistas en tecnología analizan cómo aplicar modelos de gobernanza participativa para asegurar que el desarrollo de algoritmos no comprometa la privacidad de los ciudadanos ni la equidad en el acceso a la infraestructura digital. La visión de Ostrom sugiere que la solución no reside únicamente en leyes restrictivas, sino en la creación de instituciones locales y redes de colaboración que vigilen el uso ético de estas herramientas.

La aplicación de estas teorías implica un reto para las instituciones mexicanas, incluyendo al CONAHCYT y a la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes. Se propone que los marcos regulatorios nacionales fomenten un ecosistema donde la academia, el sector privado y la sociedad civil actúen como custodios de la información, garantizando que el avance tecnológico beneficie al bien común y no solo a unos pocos actores económicos predominantes.

El legado de Ostrom resuena hoy al recordarnos que la cooperación es posible incluso en entornos complejos y cambiantes. Mientras el país avanza en su estrategia digital, la implementación de mecanismos de gestión comunitaria podría ser el factor diferenciador para que la inteligencia artificial se convierta en un motor de desarrollo sostenible en lugar de un factor de exclusión social.

inteligencia artificialeconomiatecnologiagobernanzaetica